
Se llamaba Etvino.
Hoy es el “Día internacional del Padre” fecha importante para recordar a quienes para todos nosotros en general han sido factor fundamental en nuestra formación, en nuestra visión del mundo, en los valores que aceptamos y compartimos. Yo tuve la suerte de tener al mío, ya no está entre nosotros, claro esto es un decir de carácter puramente materialista, pues en otros sentido-muchos-nunca ha dejado de estar con nuestra familia, con nosotros , conmigo, siempre en el recuerdo, en miles de sensaciones, en cada pensamiento y acontecimiento importante. Recuerdo a mi padre cuando nos preparaba a mi hermana y a mi el desayuno- muy frugal- solo café con leche y pan con mantequilla, pues la situación entonces no daba para más, el queso era para el domingo, eran años difíciles, papá había tenido un terrible accidente en el que fue atropellado, lo que lo dejó en estado de coma por días, finalmente se recuperó, pero nunca más fue el mismo, de ahí en adelante perdió muchas de sus facultades físicas, herencia guanche, isleña ( Islas Canarias), de donde era originario y que muy pronto lamentablemente perdió. Con sus limitaciones vivió años de amargura y de depresión profunda, no todos lo entendieron, algunos le juzgaban, lo cual era una pena, pues en nada esto contribuyó a su recuperación. Aún así se convirtió en un muy particular padre, casi siempre el estaba en casa mientras mi mamá trabajaba ( ¡y duro, había que sacar a toda una familia adelante!). El nos preparaba también el almuerzo, muchas veces con ayuda de mamá, que se levantaba muy temprano a hacer las labores de la casa y preparaba en parte la comida, todo esto antes de salir a trabajar por unas 10 u 11 horas, como dije eran años duros. Por lo general papá hacía las compras, lo que era parte de sus deberes, auque de vez en vez se rebelaba y buscaba un trabajo que no le hacia honor a su inteligencia, lo que le afectaba por eso de la dignidad, situación que por lo general duraba poco y volvía a casa, probablemente pensando en el que se le iba a hacer. Con sus limitaciones era muy complicado obtener un trabajo. Fue siempre un buen lector, muchos libros devoró, pienso le permitían, por lo menos en la imaginación, moverse a gusto, vivir aventuras y experiencias que el destino en muchos sentidos le negó, en fin el leer, aunque fuera en un mundo de fantasía le permitía tener una vida feliz y plena. Pocas licencias se permitía en esos años, aunque a veces se escapaba a jugar dominó y a beber cerveza en el “Bar Roma” con sus amigos de Bello Monte, acá en Caracas, en más de una oportunidad se le iba la mano jugando y bebiendo, cosa que no le hacia ningún bien, pues se quedaba sin fuerzas en las piernas, lo que generaba no poca angustia entre nosotros, sobre todo en mi hermana Kalele que se quedaba esperando asomada en la ventana hasta que lo veía llegar. Finalmente en lo económico las cosas mejoraron, y se pudo vivir mejor, compramos una casa para temporadas en Barbacoas, en el llano venezolano, y el se mudó de manera permanente y a pesar del “exilio” fue feliz, feliz durante 10 largos años en los que se sintió libre y útil, era el dueño de casa, no había quién le juzgará, pudo recuperar su dignidad, era respetado entre la gente del pueblo, que lo llamaban “Don Dino” el aunque el se llamaba Etvino, pero nunca hubo forma ni manera de que la buenas personas del pueblo aprendieran a pronunciarlo, por lo qué se quedó en “Don Dino”, en fin, probablemente en Barbacoas vivió sus mejores años después claro está, de los de la infancia y de la juventud, en ese tiempo en el pueblo, compartí mucho con el, tomamos cervezas juntos, el fue cómplice y confidente de mis sinvergüenzuras de adolescente, incluso me tocó vivir un año allá, y me consta que a su manera fue feliz. Después de eso mi mamá decidió, y a decir verdad sin contar mucho con el, regresar a Tenerife, en la Islas Canarias, allá permanecieron 10 años, sin acostumbrarse, sin adaptarse, siempre yendo y viniendo, hasta que finalmente los traje a ambos de nuevo a Venezuela con la promesa de una vejez mejor, y durante casi 10 años más papá se sintió una vez más en casa, con nosotros, jugando su kinito, tomándose su traguito de whisky, soñando aún en los 70, probablemente con Barbacoas, ya sin problemas de dinero. Sin embargo el problema finalmente fue la salud, la que no le acompaño por mucho tiempo más, el dolor se hizo presencia constante, al final se cansó, fueron 6 meses de sufrimiento, el sabía que ya sus aventuras en este mundo habían llegado a su fin y se preparó, pues a pesar de todo era hombre de fe, creo que le dio tiempo de hacerlo bien, pues cuando se fue, en su rostro ya no había señas ni de preocupación ni de dolor. Ahora debe ser feliz, pues en donde está no hay sufrimiento, no hay pena, quizás vive una existencia espiritual en la que mantiene el recuerdo de aquellos a quienes amó y en la que quizás vive el permanente reencuentro con otros tantos a los que también amó y que se fueron antes que el, y de vez en vez, echa un ojito hacia acá a ver como nos va. De ser así, te digo papá, tranquilo de momento todo bien y feliz Día del Padre. Como les dije se llamaba Etvino, aunque para mi fue siempre papá.
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